“Aventura para un pésame”
Dafne, Dagne, dane, con todos esos nombres la llamaban. Sus padres la habían bautizado con el nombre de la diosa griega, cuando creció le pareció eso muy presuntuoso, de manera que empezó a decir que en el registro se habían equivocado y en lugar de la G, habían puesto una F, quedó pues como DAGNE.
Aquel día del mes de mayo de un año de los 80, en la perla del Norte, le amaneció a las 7am. Se sentó despacio en el borde de la cama, con un pijama celeste cielo y muñequitos de colores. Al apoyar un pie en el suelo, lo retiró de inmediato media dormida, estaba frío. Se calzó las pantuflas y ya bien despierta, se dio cuenta que el tiempo era malo.
Se acercó a la ventana del salón, corrió las cortinas amarillas y efectivamente encontró un cielo grisáceo tirando hacia blanco y lloviznaba, - está chispeando se dijo, y ¡Jem! ¡No!. y de inmediato se dispuso a cambiar aquel día. Abrió las tres ventanas para que entrara más luz, encendió la radio, localizó el programa “Al compás de la nueva ola”, estaban merengueando y se puso hacer de segunda voz acompañando al cantante de turno, desayunó escaso y subió el volumen de la radio cuando ya cogía la escoba, abrazándola al igual que a su novio con ganas, comenzó a bailar con ella…despacito, despacito, despacito…. Con un pañuelo de esos grandes rojos que se usan en el campo amarrado a la cabeza con el nudo hacia adelante,- ciertamente el conjunto no era de diseño- se dijo, pero… ¡Que me importa! se auto consoló y se dispuso a hacer brillar el suelo, era maniática de la limpieza y de repente se sonreía, se notaba que gozaba con ello, en ello estaba cuando sonó el teléfono…
Lo cogió y atenta bajó el volumen de la radio, algo importante le estaban diciendo porque en su rostro se desvaneció la sonrisa y los ojos grandes, alegres por naturaleza, dieron ya otra nueva impresión, solo se le escuchó decir : ¡ Íjole! ¡Íjole! ¿y entonces? ¿Y van a ir Uds?.... Está bien, yo voy también, me arreglo y llego a la casa.
De inmediato se metió al baño y pocos minutos después estaba hermosa como una rosa que olía a primavera, y ciertamente estaba en su edad primaveral, esa en que se es consciente de lo bello de la vida, y se tiene la experiencia suficiente para aprovechar la otra mitad. Ella por nacimiento era alegre, positiva y luchadora, no le hacía “ña” a nada, quizás eso le quedó aprendido tras años de dramas y sufrimientos en silencio. Ahora era plenamente ella, sin complejos y sin angustias, así enfrentaba diariamente su vida, y tenía amor, amor mucho a si misma.
Cogió una maleta de pequeño tamaño y con ella en la mano, salió, cerró la puerta con llave y marchó. En los primeros metros tuvo que salirse de la acera, al encontrarse con una escalera, dijo ¡Gulp!, y cambió de acera.
Llegando a la casa familiar, se cruzó con un gato negro, abrió grande los ojos e hizo un gesto con las manos, para conjurar la mala suerte, que sabía traía el cruzarse con el negro animal .
A la llegada a casa se encontró con sus hermanas reunidas y con cara de circunstancias. Ella como es natural entró sonriendo y diciendo "alegren esas caras que todavía no me he muerto". Las hermanas no celebraron la gracia y le dijeron, vení sentate.
Y hablaron de lo ocurrido y lo que pensaban hacer. Había fallecido el padre de el exmarido de una de ellas, y estaban considerando la conveniencia o no, de acudir a casa del muerto, que estaba en un pueblo alejado, a unas 3 horas de camino en carro. Decidieron que si, pero no a la vela que era ese día, irían por la mañana a cumplir con las normas y darle pésame a la familia.
A la mañana siguiente tempranito se prepararon, todas vestidas de riguroso luto, se preparaba Dagne frente al espejo ya vestida de negro riguroso, tela brillante, pelo rojizo, ¡Íjole! y ahora como le hago al pelo, no me lo voy a poner negro, ponete una chalina negra cuando lleguemos y ya está. Estaba guapísima, y así lo debe haber visto ella, porque cuando se terminó de pintar las cejas, retocarse las pestañas y darle rojo a los labios, se sonrió a ella misma en el espejo y le mandó un beso rojo, ¡Vámonos! Dijo y salieron taconeando las tres.
Salieron muy de mañanita, había que atravesar Managua. En el camino, llegando casi a la capital un policía de tráfico las paró , el vehículo que corría y de la conversación que llevaban.
- ¿Cual es el problema Señor?
- Deme Ud, los papeles, - Pero señor porque nos para?
-Deme Ud, los papeles dijo el policía en tono serio y firme. Una vez con papeles en mano…
- Le informo señora que se ha tirado la línea amarilla.
- ¡Yo no me he tirado nada! ¡No me he tirado nada! No me he tirado ninguna línea amarilla, no señor, yo no veo ninguna línea amarilla.
– Y tras unos momentos de decir y oír... el policía se irritó un poquito más, y dijo: -¡Ah no, señora, si yo digo que allí hay una línea amarilla, allí hay línea amarilla!.
-¡Gulp, Íjole! ¡No se arreche hombre! Es que no veo esa línea que solo Ud. Ve.
– No vaya a faltar al respeto a la autoridad-.
-Bueno hombre, ¡No se enoje, no se enoje!.
Dagne que era una chispa bien encendida, le dijo, bueno hermano y ¿esto cuanto nos va a costar?
-¿Me está intentando sobornar señora? yo soy un digno servidor de la patria. - Dagne ya estaba que se subía por las paredes,- estos jodidos que se aprovechan que vamos 3 mujeres solas se dijo para sus adentros-.
La mayor, le dijo, calmate hermana, calmate, a ver señor déjeme un segundito los papeles. -El policía la quedó viendo, alguna señal vio en la cara de la mayor, la más paciente, tolerante y experimentada hermana, que se los dejó un segundo nada más… ella introdujo un billete de 100. El guardián de la patria se lo devolvió diciendo ya en otro tono, - ¡Noo! ¿mamita, como me vas a dar eso? en tono paciente e irónico y le regresó los papeles. Tuvo la mujer que meter hasta 4 billetes más, para que surtiera efecto la inyección. Al final de la negociación el policía le deseo buen viaje y le dio un aviso, tengan cuidado que más adelante hay otro, vayan despacito…
Dagne iba que se la comían las hormigas, su cara era un poema, y arrecha, arrecha, esos ojazos grandes y profundos, echaban chispas, y su tono de piel blanco se había vuelto rojo de ira, los labios apretados para que no saliera nada que agravara la situación, le duró aquello hasta casi llegar al pueblo, su destino.
Tras largas horas de traqueteo del vehículo por fin llegaron al pueblo, lo decía un letrero sobre tabla oscura mohosa a un lado del camino “Está entrando Ud. en San Perico de los Palotes”. Era casi medio día cuando llegaron a la casa del difunto, aquello estaba lleno, todo el pueblo en las aceras, dentro, llorando al muerto, en el patio había menos gente.
Estaba que no se cabía, un señor de bigote salió a recibirlas, a una de ellas le dio un beso en la mejilla con cara triste, y a las otras dos le puso la mano en el hombro como en abrazo, en señal de saludo.
Las condujo por un Zaguán que daba al patio, allí pocas personas estaban, les sacó unas sillas de plástico donde las invitó a sentarse, nuestra amiga se sintió rara, pero no dijo nada, solo observaba y sentía raro aquella entrada por el zaguán hasta el patio que aunque no estaban solas del todo, no era lo que esperaba, y poco faltó, pues dijo, ¿No vamos a ver al muerto?, una de las hermanas contestó, a lo bajito, shssss esperate que nos lo digan, acabamos de llegar…. -¡Jum! dijo Dagne, la más elegante y deslumbrantemente vestida, todos los del pueblo tuvieron que fijarse en ella, azorada sintió alivio cuando ya estuvo sentada en la silla de plástico, les trajeron fresco de tamarindo, y unas enchiladitas, para aliviar el estómago, que ya reclamaba su dosis.
El tiempo pasaba y nada que las invitaran a donde el muerto era rezado y llorado por mujeres del pueblo, la cocina funcionaba, con gente moviéndose y preparando. Dagne, sentía como que la espiaban, se sentía incómoda y quería moverse, su sensación era cierta, había alguien que espiaba por la rendija de una ventana, pero no a ella, sino a una de sus hermanas… el tiempo pasó y pasó y nuestra amiga, se impacientaba, se dirigió a sus hermanas y al no obtener apoyo para entrar al salón principal, se tuvo que contener retorciendo el pico y haciendo chiribitas con aquellos ojos grandes.
Allá a los ratos vio movimiento dentro y fuera, desapareció el ruido del rezo triste de despedida y de encomendación al muerto casi convertido en santo al poderoso que está en los cielos, se preparaban ya para sacar al muerto en su caja con viaje hacia la iglesia, las ilustres visitantes se quedaban viendo sorprendidas, pero no dijeron nada, todo era en señas, se acercó el señor del bigotito de nuevo entre tímido y temeroso, voltiaba constantemente a ver hacia atrás, y les dijo que iban para la misa de cuerpo presente, que luego tendrían oportunidad de despedirse del difunto.
La educación y el bien estar, hicieron un comportamiento modélico de las tres hermanas, y se encaminaron al acompañamiento para decir el ultimo adiós al muerto en su último viaje y ver recibir la bendición del cura del pueblo en casa de Dios.
“ Donde nos ponemos hermana, delante o detrás, en medio? - No importa hermana, mientras vayamos… Íjole cuanta razón tenés, dijo Dagne y con cara compungida siguieron, aunque ella y disimulando tiraba ojazos a izquierda y derecha buscando sin encontrar. Su sexto sentido le inducía a estar alerta y arrecha porque no le había gustado como las habían recibido, y todo el tiempo que estuvo sentado en las plásticas, sintió un "mal fallo", tuvo cruzado los dedos largo rato. Y el muerto seguía sin ser visto…
Pasó la misa y salieron de nuevo… hacia el Cementerio, todo fue rápido, después de la iglesia… todos estaban allí menos una persona, todas las mujeres lloraban, hombres con caras compungidas , a un indiscreto se le oyó decir “El muerto al hoyo y el vivo al bollo" y ya, tras abrazos y gestos dolorosos se fueron despidiendo de familia doliente… faltaba alguien… las hermanas se dispusieron a regresar a la casa del muerto para despedirse como Dios manda, cuando vieron venir hacia ellas a un chavalo corriendo, venía de la casa del fallecido, casi ahogado por la carrera, el buen muchacho se dirigió directamente a las mujeres que eran notorias en el pueblo, y las apremió : ¡Señoras! ¡Señoras! ¡No vayan, señoras, no vayan! la mujer de mi tío Fausto, dice que si se atreven a regresar ahora que ya no está el muerto, si llegan a entrar de nuevo, les echa agua caliente, y no es broma, tiene dos grandes porras llenas de agua hirviendo.
-La cara del chiquillo era un poema de preocupado, pero mucho más poema fue las de las tres hermanas y en especial de Dagne, que ahora si, ya se explicó todo aquel presentimiento interior que tenía, y dijo ¡Íjole! ¡Íjole! ¡Umm! ¡Vamonós, antes que esa vieja loca nos queme vivas! ¡Vamonós! ¡Vamonós!, y todas rieron y salieron en busca del viejo jeep willis, de color rosadonsonson para salir del pueblo.
Le temblequeaban las latas al Jeep, el ruido llamó la atención de los transeúntes al pasar hacia la salida del pueblo a velocidad, las pasajeras iban risa que risa, sin parar y saltando sobre los asientos por los brincos del jeeep, salieron de San Perico de los Palotes para no volver nunca más.
Huelva.
30/Agosto/2019
RGG