EL VIRUS NOS DESNUDA.
Con la época de pandemia y todo lo que la acompaña, uno no tiene mas remedio que resistir, establecer barreras para que no llegue el bicho asesino, y confiar, cosa que es difícil en los políticos y gestores que dirigen el combate, nuestras vidas han cambiado y seguramente para siempre, probablemente todavía no sepamos cómo y en qué medida.
Ayer supe que una Mujer ejemplar, una Doctora, de esas personas luchadoras, buenas en su vida y en su profesión, de esas que lo dan todo en su vocación de médica, de servir al prójimo, que pocas veces se alteran y siempre tienen una palabra amable, de comprensión y alivio para el que sufre, para el que lo necesita, un gesto de apoyo para el que se lamenta, ánimos para los amigos en momentos bajos.
Supe como digo que había sido infectada por el coronado virus, que la atacó junto a su familia. Todos están bien, ella está bien. Incluso vacunada con la primera dosis el virus le llegó, salió positiva en el test de detección. Y con fuerza y serenidad suficiente aguanta el envite del bicho, pero hay otros bichos a los que no pudo resistir, esos bichos son seres humanos, que haciendo sus labores dentro de un hospital, lo hacen de tal manera que sería justo que en lugar de trabajar en salud, debieran hacerlo en un taller de mecánica, con vehículos de hierro, latas y caucho, con esos no habría problemas, y no estaría yo escribiendo esta nota.
Los animales tienen sensibilidad, y el ser humano todavía más aunque en algunos casos tengamos dudas de que así sea.
Hablé con mi amiga, que se encuentra asintomática y espero que así siga, hasta superar la infección ella y su familia. La vi normal, tranquila por su enfermedad, pero cuando a medida que me iba platicando, me habló de como se sintió tratada, se le encogió no digo el ombligo, sino el alma y sus ojos se humedecieron, sus palabras se entrecortaban, el sonido tembloroso de su voz me indicaba momento delicado no grato, porque a pesar de que todos los que trabajamos con pacientes que pudieran estar infectados, tomemos las medidas preventivas, no deberíamos dejar de tratar a las personas humanamente, sino con más delicadeza aún si cabe, y con más comprensión, sabiendo que gestos o palabras, a veces hacen daño al alma más que el dolor que sientes por la propia herida, u enfermedad.
El dolor físico se resiste mejor cuando no tenemos el otro, sentí pena de percibir como el ser humano deja en ciertas circunstancias de serlo.
Dr. Roberto González G