Uds. ya conocen a Hodgson, he hablado de él en otras ocasiones, aquel día, Dn Carlos Rodríguez Hodgson. Flacucho, estatura media, moreno quemado de origen y del inclemente sol, con bigotito fino color oscuro cobrizo, anteojos verdes oscuros, oscuros. Aquellos pantalones vaqueros gastados, camisa a cuadros azulada de mangas arremangadas hasta el codo.
Persona importante para mi, lo conocí de chavalo cuando andaba cerca de los 9- años, el hombre humilde, pobre y buen trabajador, lo hacía con mi papá como ayudante en un Bus de línea Matagalpa -Managua. Entró a mi familia precisamente por ser una persona admirable, rápidamente lo sentimos uno más entre todos nosotros.
Él, precisamente me enseñó a manejar, mi papá no tenía tiempo para esas cosas en aquellos momentos, Carlos estaría al cálculo por los treinta años. En una ocasión, mientras mi padre almorzaba y se dormía descansando un rato, me hizo viaje para ir a Lavar, limpiar y preparar el Bus, yo enseguida me fuí con él, me gustaba estar con Carlos, y esta vez me tenía una sorpresa, no fuimos a lavar el chunche Nissan de 30 pasajeros, que lucía una banda celeste en mitad de la cintura, herramienta de trabajo y de nuestro sustento. Nos fuimos.
Me llevó fuera de la vista de mis progenitores y nos alejamos de la casa, me cedió el volante de aquel vehiculón vacío, solo Carlos y yo, me brillaron los ojos, ansioso, reía de contento y salté encantado a sentarme como conductor. Me explicó varias cosas, me hizo repetir y repetir, y así, logré arrancar en primera y solo en primera subí la cuesta enorme empinada que conducía al campo de los padres, desde la calle ancha del parque Darío, lo conseguí exitosamente, sonreía carlos al verme lo buen alumno que le salí. - Cuidadito con decirle a tu papa que ya sabes manejar, porque Adolfo me corre, si sabe de esto-.
-No te preocupes hombre, yo no digo nada, yo soy una tumba, y sonreímos.
Una vez en la explanada de los padres, allá arriba casi en base del apante, no había nada, ni nadie por allí a los 2 de la tarde, verdes, aire fresco y nosotros dos con el Bus, ni siquiera la yegua pequeña que aparecía de cuando en cuando por ese campo en partidos de béisbol los domingos por la mañana.
Ese día que Hodgson eligió era dia perfecto, me pareció amplio, tranquilo, solitario, el olor a campo verde, viento fresco suave en oleadas, para me pareció bonito , perfecto para la tarea. había que aprender, coger la oportunidad y yo quería.
El asunto es que empezamos, y encantado yo, cogía confianza poquito a poquito, dando vueltas en aquella amplitud, paraba, apagaba, metía primera, segunda y tercera a las órdenes de Hodgson, progresaba adecuadamente.
Vos haceme caso, vos haceme caso decía él temeroso del chigüín ansioso. Ya cuando estaba en confianza, el bus coge velocidad inadecuada para aquel terreno, Carlos va a mi lado de copiloto, se asusta, yo todavía no, pero no sabía bien qué hacer porque sentía dominio, y que se me estaba escapando, el hombre más experimentado sentado a mi lado, me grita : ¡“PARÁ”. “ PARÁ, PARAAAAAA! ¡PARÁ BRUTO, PARÁÀ! Y entonces, escuché la rotundidad de mi maestro, y meto el pie derecho con fuerza, como para parar aquel trasto a pura fuerza, jejeje. Aquel chunchón se frenó en seco y se tambaleó fuerte, bajando el morro y levantando el trasero de forma contraria pero igual de brusco, a como cuando un caballo que corre desbocado y bruscamente detecta delante una culebra, jajajaja, se encabrita y relincha.
- Mi voluntarioso profesor, respiraba alterado, ¡SOS CABALLO! ¡SOS CABALLO!, ¡ haber dejame el lugar! suerte tenemos de no haber volcado y que no se de cuenta tu papa.
Volvimos ambos a casa muy serios, no me habló en todo el trayecto. Y mi papa al verlo llegar, le dijo: idiay, no lavaste el bus. Carlos solo me dirigió una mirada que decía : ¡Cuidadito con abrir la jeta, cuidadito!, yo calladito me fuí a la cocina a buscar un plato de gallo pinto.
Así acabó aquel día. Tardó tiempo en continuar con sus lecciones.
Hoy a mis años, recuerdo aquello, con agrado y me carcajeo solo, Soy buen conductor, nunca he tenido un accidente hasta ahora.
RGG.
Sevilla. 6 de enero 2022.