A hora punta, el bus circulaba repleto,-cuando
eso sucede-, los pasajeros nos alineamos
de pie y con brazo en alto sujetados a una barra de sujeción horizontal de buses urbanos para no caernos. subía más gente y más…
Una señora se metió entre un señor y yo, me hice un poquito a un lado, y ella logró meter parte de cuerpo y mano entera alzada hacia la barra, aquello molestó a mi olfato, y recordé algo, me me hizo sonreír, ella me miró seria, sin comprender, yo me apresuré a decirle que mi sonrisa era por algo que recordé de hace muchos años, nada que ver con el momento, que disculpara, se
volvió sin más.
El recuerdo en sí, era una
anécdota referida con perfección por un amigo Granadino de Nicaragua, que
contaba con la ayuda de su propia imagen al contarla, por tanto inimitable.
Mediana estatura,
pasaba amplio los cincuenta, moreno él,
pelo negro ligeramente rizado, cara redondeada. Usaba unas gafas gruesa de
miope, sobre una nariz chata en cara
redondeada con tenues marcas de espinillas, mal curadas, de tiempos pasados, seductor de conversación siempre grata, y humor pícaro de hombre jugado en país de
bromas y sonrisas fáciles.
- ¡Robertó! con acento en la o, ¿Sábes que me pasó hoy? – Todavía no, contesté. Ajá, ajá.
- ¡Idiay!
me vine en bus, fíjate, voy de pie
porque el autobús venía lleno, hacía calor tremenda – en esa época no todos los
autobuses tenían aire acondicionado, años 80, mes
de julio, mediodía, Sevilla hirviendo-.
- Se
sube una gorda enterita de unos 40 años, con chanclas y bolsas en la mano, yo de
pie, bien acomodadito, cogidito a la barra esa de sujeción horizontal de autobús urbano, para
agarrarse fuerte y no ir al suelo en alguna vuelta-, Ella me mira, y voltea a
ver para al lado contrario, pero empieza a meterse entre la otra persona de pie junto a mi, y yo. Entonces,
me hago un poquito atrás, y ella entra un poquito, ya está cogida a la barra,
vuelve a mirarme y vuelve a meterse otro poquito, me hago yo para atrás otro poquito..., y sigue… hasta que luego mete todo el cuerpo gordo, y…
yo me arreché… y le dije:- ¡¡ Señora!! “No está viendo que no entra, que
no cabe”.
– Mi amigo con su cara, que cuando no sonríe da temor, y esa su voz
gruesa, fuerte, imperativa, habla
disgustado … La pobre señora que le
chorreaban los sudores por la cara y su enorme humanidad, se quedó cohibida, y
se salió un poco del lugar… no hubo más. A los 30 segundos le dice a otro
pasajero vecino de posición, que observaba todo con seriedad y parecía compadecer
a la gorda… ¡¡huuuu!! “¡¡ Unos cuantos como éste y nos
echan de España!!”. -Los gestos de la mujer no son descriptibles- Jajajaja.
C Contando esto último, la cara de mi amigo Granadino, era de bandido gozoso, charo de nariz fruncida, y arrugado el entrecejo, para que no cayeran los
anteojos gruesos, mostraba los dientes blancos, con sonrisa de niño malo. Jajajajaja, decía y repetía: Robertó, con acento en la ó. “ ¡Unos cuantos como éste y nos echan de
España!”, Jajaja, y seguía Jajaja.
RGG.
Huelva- 02/02/2018